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24 de junio. Segunda gala de la Central de Pole.

Nervios y emoción a flor de piel

 

 

Así es, el viernes 24 de junio se produjo un acontecimiento en el que toda la gran familia de la Central se reunió por segundo año consecutivo para celebrar un encuentro muy especial. Estoy hablando de la Gala de Fin de curso, en la que todos los alumnos de la escuela que quisieran dar a conocer su arte podían hacerlo sin ningún tipo de limitaciones. Fueron bastantes los meses de ensayos en los que todos los participantes pusieron cuerpo y alma para hacerlo lo mejor posible. Esa mezcla entre alegría y nerviosismo se masticaba en las aulas de la Central cuando tan sólo quedaban un par de semanas para que llegara tan esperado momento.

 

 

Por fin llegó el día. Recuerdo ese trayecto en el autobús con mi compañero de barra y mi madre, lanzándonos miradas cómplices porque sabíamos que había llegado la hora de demostrar lo que tanto habíamos trabajado todos los días anteriores. Cuando llegamos ya estaba todo en marcha. El alma de la escuela, Marina Díaz, ya había hecho la mayor parte del trabajo y su carita decía un año más lo nerviosa que estaba porque todo saliera bien. El escenario ya estaba vestido con esas largas y mágicas telas amarillas que colgaban desde lo alto, aseguradas gracias a otro ingrediente fundamental en la escuela, Fran Barranco. A los lados, dos largas barras de pole que iluminaban todo el escenario, demostrando una vez más, que es el perfecto elemento para volar.

 

Mentiría si no dijera que uno de los momentos más emocionantes es, sin duda, cuando llegas al teatro y te vas encontrando con tus compañeros. Todos ellos con sus respectivos trajes, peinados y maquillaje, mostrando de manera desenfadada su personalidad artística, pero con un elemento común, el amor incondicional hacia la disciplina que practican. Todavía recuerdo la frase que me dijeron nada más entrar: ¡Este año los camerinos sí que son de verdad! Y en efecto, nuestros profes nos quieren tanto que se encargaron de hacernos sentir como verdaderas estrellas no sólo en el escenario, sino también en nuestro rincón más personal. Todo plagado de espejos rojos con bombillas en cada esquina, éramos verdaderos artistas. Gracias.

 

 

Entre bambalinas todo es una auténtica locura. Unos estirando, otros animando, otros con nervios porque les va a tocar enseguida...Realmente emocionante fue el momento en que estaba estirando junto a otros compis y de repente escuchamos la primera actuación y a todo el mundo aplaudiendo. El show acababa de comenzar, no había vuelta atrás. Muchos de los que estábamos allí nos colocábamos ya en las escaleras aunque no nos tocara, simplemente porque queríamos ver las actuaciones y animar y dar fuerzas a todo el que fuera a salir. Es algo inevitable. La emoción al ver a un compañero con el que llevas compartiendo esa pasión por el arte desde que se abrió la escuela, los progresos de todos, la ilusión y las ganas que se ponen cuando están ahí arriba, así como el estilo particular de cada uno de los que se atreven a salir ahí delante de todo el mundo, es algo que pone la piel de gallina.

 

Tampoco quiero dejar en el tintero la ayuda incondicional que nos damos unos alumnos a otros en todo momento. Fuimos muchos los que nos ofrecimos para preparar las barras de quienes actuaban segundos después, preguntándoles cómo querían encontrarse las barras para actuar y haciéndolo lo mejor posible. No hay competencia, solo ilusión y ganas de brillar juntos y es algo que se respiró desde el primer minuto de gala.

 

Finalmente, como experiencia propia, no cambiaría por nada del mundo el sentimiento que se tiene milésimas de segundo antes de salir al escenario. Es en ese preciso instante cuando te das cuenta de la aventura en la que te has querido embarcar y que es la ocasión de demostrar al público el trabajo que has realizado. Esos pasos antes de situarte justo en mitad del escenario, la cálida atmósfera que se respira y los gritos de apoyo previos a que sonara la música, es una pasada. Cada vez que escuchaba los aplausos del público más ganas tenía de vencerme a mí misma, de demostrar que lo que hago es lo que realmente me hace feliz, y poder compartirlo con personas que valoran todo esto es lo mejor que puede pasarte.

 

Gracias a la Central de Pole por cumplir nuestros sueños, gracias a todos los profesores, alumnos, padres, madres, a TODOS los que estuvieron aportando su granito de arena para que todo saliera mejor de lo previsto. Sois el alma de la Central y, una vez más, hemos demostrado que ésto es más que una escuela, somos una gran familia.

 

 

¡Bendita locura!

 

 

Bárbara Arrieta Baladés

 

 

 

 

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