Central de Pole

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Descubriéndote Central de Pole

 

Hará cosa de un año un pajarito me contó que habían abierto un rincón muy especial a tan solo unos pasos de mi casa. Sinceramente no tenía ni idea de lo que se trataba, ni la más remota idea, hasta que un día iba montada en el autobús número 39 cuando mis ojos pudieron echar un vistazo rápido sobre ese local vestido por dos colores, el negro y el amarillo. Me quedé perpleja, no podía ir en serio. Estaba completamente segura de que esa escuela estaba abierta a profesores o artistas experimentados en las disciplinas que se impartían. La verdad es que tenía algo de miedo, no me veía capaz de entrar en un mundo con ese nivel, que desde fuera, parecía inalcanzable.

 

Sin embargo, lo hice, entré en Central de Pole. Lo hice por una persona muy especial para mí, mi madre todavía parece que escucho sus gritos de alegría: ¡Hija, han abierto una escuela de Pole Dance cerca de casa, esto es una señal!). Ella fue la responsable de que lleve algo más de un año formando parte de esa gran familia y de que ahora mismo esté escribiendo estas líneas. En un principio yo iba simplemente como acompañante, ella quería probar el 'Pole Dance' y yo iba a echarla una mano y, para qué mentir, a probarlo yo también. Para nuestro asombro, no vimos a ninguna chica al entrar a la escuela, solamente a dos chicos que estaban sentados en la mesa de recepción.

 

Pero las sorpresas no terminaron ahí. Tan ingenuas preguntamos por las clases de Pole y la posibilidad de probar una de ellas, y resultó que uno de los chicos que nos atendieron era profesor de este arte. Claro, en cuanto salí le dije a mi madre, ¿pero la barra no es cosa de chicas? Tiempo después, supe que ha sido uno de los mejores guías que he podido tener. Tampoco se me va de la cabeza la impresión que me dieron todas y cada una de esas paredes.

 

En cuestión de pocos segundos mis ojos pudieron descubrir unas infinitas telas amarillas que asomaban por una pequeña ventanita, escapándose parte de la magia de la sala. A la derecha, unas largas escaleras desde las cuales pude ver otro espacio repleto de un sin fin espejos que parecían bailar de un lado a otro al ritmo de la música que escuchaba. Y, por fin, el espacio más increíble que he visto nunca. Una sala totalmente blanca, iluminada por la luz que atravesaba las enormes cristaleras que la rodeaban y cuya única decoración eran barras y barras interminables que pedían a gritos almas que se fundieran con ellas.

 

Son miles los descubrimientos que he experimentado en este tiempo, y que os iré desvelando poco a poco. Una escuela en la que las disciplinas circenses y el baile son el pan de cada día, alumnos y alumnas correteando de un lado a otro, paredes repletas de condecoraciones y fotografías de los artistas que nos ayudan a mejorar días tras día y un pequeño rincón donde tomar el té y evadirte del mundo son algunas de sus promesas.

 

Mi recorrido por esas paredes me han hecho madurar, conocer a personas nuevas que se van convirtiendo en esenciales, compartir risas y sueños, y soñar juntos. Estoy segura de que por medio de mi experiencia podré guiaros por esta escuela y, de mi mano, animaros a que vengáis y nos conozcáis un poquito más. No dejará indiferente a nadie.

 

Una tarde de verano, un bailarín profesional como instructor, nervios a flor de piel y miradas cómplices que mostraban el mismo entusiasmo. Por fin mi mano en la barra, empieza la aventura...

  

 

 

Bárbara Arrieta Baladés

Pole...¿qué?

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