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El crecimiento horizontal

Otra forma de mejorar

 

Siempre se habla de crecer a lo alto y no a lo ancho. Evidentemente, en sentido literal. Pero, personalmente, he descubierto que funciona como metáfora y en positivo, a la hora de hablar de deporte. He descubierto, tachán tachán, ¡el crecimiento horizontal! Y no se trata de ser feliz comiendo pizza y chocolate como si no hubiera un mañana (que también tiene su aquel y todos/as lo sabemos). Esto es otra cosa. Os cuento.

 

A la mayoría nos llega, nos ha llegado o nos llegará un momento de atasco en nuestro progreso en el pole dance. Me centro en pole porque es lo mío, pero me atrevería a decir que ocurre en prácticamente todas las disciplinas deportivas –¡si me equivoco, escribidme y me cambio de práctica a la de ya!-. Hay dos maneras de tomárselo: liarse a cabezazos contra eso que parece una puerta cerrada o darse cuenta, con fría serenidad, de que esa puerta que se nos acaba de cerrar es el paso a otro nivel. Has llegado a un punto de inflexión que te va a pedir un mayor esfuerzo evolutivo: necesitas más fuerza, más técnica, más coordinación, tal vez controlar un dolor o entender por qué es tan intenso y te frena… Tienes que trabajar más, en suma, para avanzar, subir de nivel, crecer a lo alto. Pero eso no significa, necesariamente, que tengas que obsesionarte por machacarte con tablas de ejercicios para mejorar tus puntos flacos. De nuevo, hay dos maneras de pasar por esa puerta: una es insistir con tenacidad espartana en esos ejercicios que se nos resisten hasta que salgan con sangre y sudor; y la otra, perfeccionar, redescubrir y jugar con aquellos que creemos dominar y de los que, en realidad, siempre podemos aprender algo (mucho más divertido, vais a ver).

 

Ejemplo práctico: ya te sabes los pasos básicos de pole. Haces las caminatas sin tener que pensar. Los bomberos y los hooks no tienen secretos para ti. Qué demonios, ¡si hasta eres la jefa de los cambios de mano! Pero, ¿estás segura de que lo que haces queda, ejem, estético? Grábate en vídeo y mírate las puntas, comprueba que están perfectamente estiradas en todo momento. ¡Ay, amigos! Que para los que no nos hemos curtido en ballet clásico en nuestra niñez, ése es un pequeño-enorme caballo de batalla. ¿Hay puntas? ¿Están las rodillas perfectamente bloqueadas en tus uves, o se te doblan inconscientemente en esos momentos de vuelo en los que el temor hace su trabajo? Y lo mismo en tus figuras. ¿Quedan bonitas y perfectamente colocadas o tienes la sensación de que son mejorables? Si no adelantas en tu progresión, es el momento ideal de buscar la perfección en todo lo que sí conoces. Ya posees seguridad y conocimiento, aprovéchalos para jugar con tus armas.

 

Monta coreografías, ¡esto es dance, al fin y al cabo! Encaja tus movimientos con la música y aprovecha para trabajar la resistencia. Descubre variaciones que no conocías de giros y figuras de tu repertorio, internet bulle de tutoriales. Agudiza tus poderes de observación, aumenta la consciencia de tu propio cuerpo (has de saber en todo momento dónde estás y qué hace cada uno de tus miembros). Este aprendizaje multiplica tus recursos y, por supuesto, embellece todo lo que tienes.

 

Concentrándote en este juego, habrás ganado en fuerza y en técnica. Te será más fácil entender por qué no te salían aquellos ejercicios que te frenaban y, mira por dónde, un buen día, esa puerta se abrirá y te encontrarás haciendo esa escuadra tan deseada sin ayuda (o casi). ¡Y con las puntas estiradas! Te sentirás volar. Y estarás lista para seguir subiendo.

 

 Isabel Queipo

Nuestra alumna Yasmina :)

Doctor ¿Padezco inquietud artística?
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