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La flexibilidad sin dolor

 

¿Existe?

 

Sí, ya sé lo que os inspira el título de este post. Os hace pensar, básicamente, jajajá. Y así reaccionaba yo al concepto hasta hace no mucho, cuando la multifacética Gabriela Vaz propuso hacer un taller de flexi en Central de Pole. Cuatro horazas de taller. De flexi, insisto. Sin dolor, decía ella. Y nosotros: jajajá.

 

Porque mira que tenemos enraizado en la mente esto del “no pain, no gain”. Si no hay agujetas, no has hecho nada. Si estiramos el músculo de forma que duele como el infierno, todo va bien, ¡es lo suyo! Pues nada más lejos de la realidad, nos dicen los expertos. El dolor predispone al cuerpo contra un ejercicio. Cuando algo duele, nos tensamos y hacemos más difícil todavía el acostumbrarnos a realizar un buen estiramiento. Incluso nos exponemos a sufrir una lesión.

 

De ahí lo importante de saber que sí, que se puede trabajar la flexibilidad sin dolor. El secreto, según Gabi es hacerlo “sin locuras”. Es decir, sin expectativas poco realistas. Aquí hay que trabajar con el material que uno tiene. Con cariño y amabilidad, que es lo que nuestro cuerpo va a agradecer.

 

Lo primero que hay que entender para hacernos con este método es que la relajación resulta básica. Crear un ambiente propicio ayuda mucho. Y si estamos cansados después de un ejercicio duro, mejor: abandonarse y aflojar tensiones es justo lo que nos piden los músculos. Desde ese estado, buscamos elongar sin forzar. Se debería mantener un ejercicio antes del umbral del dolor. Muy importante: debemos aprender a distinguir el dolor “malo” de la molestia de los músculos que están haciendo su labor.

 

Otra de las ventajas de abordar los ejercicios de flexibilidad de este modo es que se disfrutan de verdad, aunque uno piense que está tieso como una viga. Se convierten en prácticas relajantes, ya que obligan a buscar la colaboración de la respiración y, para los que trabajamos con nuestro físico, son incluso curativas. Una vez incorporada la costumbre de estirar tras una sesión de deporte intenso, el cuerpo los acoge como el umbral del descanso. Notarás que empiezas a bostezar. ¡Es perfecto para quienes tengan problemas con el sueño!

 

Se puede probar a estirar al menos 2 veces a la semana, 20 minutos por sesión. De ahí, es posible pasar a 3 sesiones. 

 

No puede ser más aconsejable el quedarse con el profesor en el momento del estiramiento después de clase de pole o danza. Siempre se puede pedir pautas para preparar las diferentes partes del cuerpo para trabajar con mayor exigencia. Y también, se debería seguir una progresión en los ejercicios para evitar lesiones y favorecer el trabajo de los músculos.

 

A nosotros se nos hicieron cortas las cuatro horas del taller de Gabi. Y es que ella consigue llevar sus sesiones al nivel de una verdadera meditación. Además, nos trajo la merienda. ¡Así, sí!

Isabel Queipo

 

 

 

 

 

 

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