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Las gafas de pole-distorsión

Hemos hablado muchas veces de lo desafiante que resulta empezar a bailar con una barra de pole. Para los que recordáis vuestro primer día, seguro que el cuadro se os ha quedado grabado en la memoria. Salvo que uno tenga mucha seguridad en sí mismo, lo de llegar a un sitio nuevo para empezar una práctica que te es totalmente ajena y casi en ropa interior (¡glups!) no es moco de pavo.

 

 

Si hay algo paralizante para un alumno de pole dance –y para una cifra bien gorda de profesionales- es la sensación de hacer el ridículo. Uno está convencido de que, de tanto en tanto, el de la barra de al lado le mira de reojo mientras chista con desaprobación. ¡Como si este/esta pobre no tuviera sus propios problemas! Si eres de estos, tenemos una noticia para ti: todos estamos en el mismo barco. Distorsionando la realidad. Imaginando que toda la clase nos mira ojiplática ante nuestros patéticos giros. Dos cosas: no nos miran porque están a lo suyo (intentando no ser patéticos) y no, no se es patético en clase. Siempre nos parece que hacemos algo mucho más catastrófico de lo que es en la vida real. Otra distorsión.

Muchos nos sentimos como si llevásemos una venda que no nos permite ver lo positivo de nuestros esfuerzos. O unas gafas que afean todo lo que hacemos, frente a lo que consiguen nuestros compañeros. Los otros siempre lo hacen mejor. Una cosa es exigirse y otra bien distinta, convertirnos en nuestro peor enemigo. Somos nuestros jueces más duros, pero ¿qué tiene de bueno ser nuestros propios verdugos?

 

Por eso postergamos el subir un vídeo o una foto. Porque “no está del todo bien”. O no nos ponemos con esa coreo-reto con una canción explosiva porque “no estoy a la altura”. ¿Sabéis qué? Con esa mentalidad NUNCA estarás preparado. Hazlo ahora. Hazlo ya. Enseña. ¡Pierde el terror a que te juzguen! Porque lo que haces es mucho mejor de lo que crees. Y siempre podrás grabar el vídeo 2 en el que lo haces todavía mejor. Y el 3 y el 4. Compara y disfruta. Sobre todo, ¡disfruta!

Por eso, para esta Navidad os propongo pedir a los Pole-Reyes o a Papá Pol-el que nos traiga a todos unas gafas nuevas. Esas míticas que lo hacen ver todo de color de rosa. A ver si así dejamos de sabotearnos a nosotros mismos y nos venimos arriba. No se trata de volverse un creído y justificarlo todo, sino de ser realistas y positivos en nuestro aprendizaje. Regalémonos las gafas de molo-todo-y-lo-sé. ¡Espero veros a todos estrenándolas en enero! (Ya he fichado las mías, modelo no-es-un-fallo-es-freestyle).

 

¡Quiero ser una “virago”!
POLE DANCE, ¡QUÉ DIFÍCIL!
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