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Pole...¿qué?

Esto es lo que mucha gente se preguntaba cuando me inicié en el Pole Dance.

 

Los nervios a flor de piel y todo un mundo por delante que descubrir. Así se presentó mi primera clase de Pole Dance. La verdad es que no era una disciplina que conociera demasiado, si no hubiera sido por lo que me contaba mi madre. Sin embargo, en otros países como Estados Unidos ya había federaciones nacionales luchando para que se reconociera como deporte olímpico, mientras que aquí se empezaba a oír que había un deporte que utilizaba la barra como elemento. Sí, estamos bastante atrasados en cuanto a innovación se refiere. Estaba algo nerviosa, pero tampoco demasiado porque como ya os comenté, simplemente iba como acompañante y sin idea de apuntarme.

 

Nos hicieron esperar hasta que terminara la anterior clase en la recepción y mis ojos no se separaban del cartel ''Sala 1''. Quería entrar ya. A los pocos minutos abrió la puerta aquel chico que nos apuntó el primer día, Fran Barranco, uno de los profesionales que imparten esta disciplina. Por fin entré en aquella clase que recordaba inmensa y luminosa, repleta de barras blancas y plateadas preparadas para hacer disfrutar a cualquiera.

 

Pese a la hora y media de duración, me pareció que había estado allí tan solo unos segundos. Recuerdo que comenzamos con un exhaustivo calentamiento de casi 30 minutos, para que todas y cada una de las articulaciones estuvieran preparadas para lo que se nos venía encima. Éramos cuatro chicas, todas principiantes, y he de decir que las risas no faltaron en ningún momento. Al principio, comenzamos la aventura con una secuencia de giros sencilla, para que nuestra piel se familiarizara con la barra. Se me escapa una sonrisa cada vez que me acuerdo de la frase que nos dijo Fran nada más dar el primer giro: ''¿Vosotras ya habéis hecho barra antes, verdad?''. He de confesaros que fue un verdadero chute de adrenalina.

 

Después llegó lo que más miedo me dio, ¡INVERSIÓN! Consiste básicamente en voltear todo tu cuerpo con las piernas estiradas y sosteniéndote con las dos manos. Claro, yo pensaba que eso ya se hacía más adelante y, ¡no! Desde el primer día te ayudan y enseñan y, la verdad sea dicha, ahora es lo que más me gusta hacer. Cada clase puede ser personalizada por el profesor que escojas, pero casi siempre la distribución es la misma: calentamiento, secuencia de giros que luego pueden fundirse con una pieza musical y, para rematar, figuras de lo más peculiares en la barra.

 

Otra de las cosas que descubrí es que hay dos tipos de barras distintas. Por un lado están las blancas, teniendo como ejemplo a la marca finlandesa de barras de 'Fit Pole', y otras plateadas con la marca predominante de X-Pole. La diferencia está en que el acabado de las blancas es una pintura plástica que hace de efecto antideslizante, pero quema, mientras que el material de las plateadas es cromado y resbala. Por esto mismo, las personas que suden un poco las preferirán, mientras que quienes no tengan este hándicap escogerán las cromadas. Además, los ejercicios pueden realizarse de dos maneras distintas: en una barra estática o en una barra que gire contigo.

 

Si alguna vez tenéis la oportunidad de ver una barra de Pole Dance en la Central os daréis cuenta de que en la base hay una serie de tornillos que si se enroscan la barra no se mueve, mientras que si los quitas la barra gira. Evidenciando esta diferencia, en barra estática el control es más sencillo, puesto que el movimiento y la velocidad la marca solamente tu cuerpo. Por el contrario, la barra giratoria permite explorar más la parte estética de la disciplina y crear variaciones visualmente más vistosas. Sin embargo, es más compleja de manejar dado que tienes que controlar la fuerza de giro y jugar con las distancias para conseguir la fluidez que buscas.

 

Lo mejor de esta disciplina es que notas los cambios enseguida y, en cuestión de unas semanas te ves haciendo cosas que para ti eran completamente imposibles. Esta superación se convierte en un sentimiento de admiración hacia uno mismo, de ver que todas las metas que te pongas puedes conseguirlas con sudor y esfuerzo. A partir de ese momento cualquier barra que veas por la calle será una excusa perfecta para hacer alguna figurita y ser fotografiada. No os miento si os digo que este deporte es altamente adictivo je, je, siempre quieres más y más...Salí de la clase de prueba suplicando volver, sentía que ese era mi sitio.

 

Sin embargo, también el Pole os mostrará otra cara...Nuevas sensaciones, dolores en partes del cuerpo que ni sabíais que existían, moratones de mil colores...Bienvenidos al mundo Pole Dance.

    

 

 

Bárbara Arrieta Baladés

Descubriéndote Central de Pole
¡Ey, tenemos nuevos inquilinos en nuestra piel!

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