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Pole Versus Dance

 

Pole DANCE

 

Este post es para aquellas que, como a que abajo suscribe, han llegado a la noble práctica del pole sin haber bailado nada más allá de “Los pajaritos” o “Saturday Night”. Los millennials que me leen igual no pillan el chiste (miradlo en Youtube, ya veréis qué vergüenza torera).

 

Es curioso comprobar cómo la gran mayoría de este grupo (los millennials no, los que han bailado poco antes del pole) viven más o menos el mismo proceso en su carrera con la barra. Todo suele empezar así:

 

Quiero moverme. Quiero hacer deporte. Pero ir al gimnasio es un rollazo. Me gustan los ejercicios aeróbicos pero voy como pollo sin cabeza. Hacer ejercicio con máquinas, ¿qué tal será? Voy a probar. Me aburrooooo. ¿Qué hago? ¡Necesito moverme! Y endurecer, y definir mi silueta. Sin matarme, tampoco. Walaaa, qué pasada lo que hace No Sé Qué Atleta Rusa con la barra… Y qué fuerte está, qué cuerpazo. Eso, eso sí que mola. ¿Pero por dónde se empieza? Esto lo hago yo, vaya que sí, con un par…”

 

Y entonces, vas y te inicias en el pole. Giros básicos. Figuras básicas. No te salen, pero oye, que no has venido a hacer filigranas. Quieres pole y ya. ¿Baile? ¿Quién ha dicho nada de bailar? ¡Hemos venido a ponernos en forma! Trabajas. Sudas. Te mosqueas porque no inviertes. O porque no giras. O por las ampollas, las agujetas, los cardenales, los… eeeeh, espera un momento. Esos bíceps no los tenías antes. ¡Y esas series de dominadas en la espaldera van dando sus frutos! ¿Y ese culito, de dónde ha salido?

 

Progresas, te fortaleces con el paso de semanas y meses. Casi sin darte cuenta porque estás peleándote con el ejercicio. No bailándolo. Mientras, tu cuerpo se hace a la rutina y los cambios empiezan a notarse.

 

Estás en ese punto en que el pole te gusta, te ha atrapado. Por sí mismo, no porque te pone fuerte o te ayuda a adelgazar. Te gustan los ejercicios porque has pasado de nivel. Y este paso de nivel implica unir ejercicios, limpiarlos, pulirlos. Y transiciones. Y estética. Sí, lo ir con los pies en punta. Lo de creérselo. Lo de, oh, no… bailarlo.

 

Porque al final, esto es una danza. Que te sirve para ponerte en forma pero que cobra todo su sentido cuando se baila. Y entonces descubres que el pole, en su máxima expresión, es eso. Antes de que te des cuenta, vas a tener que bailar. Puede que incluso QUIERAS bailar. Y este es otro proceso.

 

Descubrirás que no todo es exotic, o contempole. Que hay acrobacia y los estilos de danza urbana de todos los colores se adaptan de maravilla. Y, lo mejor: que uno de ellos tiene que ser el tuyo.

 

No te cierres al baile, tú que empiezas ahora y estás abrumado/a por los que sí saben moverse como si la música les saliera del cuerpo. Ya dicen que “si puedes moverte, puedes bailar”. Es cuestión de descubrirlo. Y únicamente puedes encontrarte bailando. Como se aprende un nuevo idioma. Simplemente, no te niegues este placer. Llega despacio, como tus músculos o tu tolerancia al dolor. Pero es parte del proceso de disfrutar del pole. Y disfrutarás el doble.

Isabel Queipo



 

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