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¡Quiero ser una “virago”!

Seguro que el título os ha pillado con el pie izquierdo a más de uno. ¿”Virago”? ¿Qué palabro es este? Pues de ello habla Heidi Coker en su blog (cuya lectura os recomendamos encarecidamente). Virago. No vigor, ni virgo ni vitíligo. Virago: dícese de una mujer fuerte, valiente, guerrera. Una mujer ejemplar con cualidades heroicas. Ahí queda eso.

Estoy segura de que las chicas que practicamos pole (y nos dejamos tentar por otros deportes aéreos o acrobáticas tenemos, en mayor o menor medida, esa aspiración. Esa imagen de nosotras mismas dominando el elemento y multiplicando nuestra fuerza, nuestra agilidad y coordinación como superheroínas. ¿Quién no quiere ser una amazona de la barra? Sin miedo, precisa, elevándose en el aire y cayendo donde tiene que caer, con la suavidad de una pluma y la elasticidad de un felino. Y sexy. Que no nos quiten eso en estos tiempos de corección política, feminazis y pesadeces varias. En nuestra cabeza, la heroína, la virago, corta el aire como un cuchillo en sus giros y ejecuta mortales sin esfuerzo, derrochando elegancia. Pensamos que lograr semejantes hazañas es producto de una batalla física extenuante.

Y hete aquí que la guerra empieza en otro sitio. Leyendo a Heidi Coker (ejemplo de una virago), descubrimos que el pulso siempre es contra una misma. Que, por encima de las abrasiones y caídas, duelen mucho más los zarpazos de esas voces internas. Esas vocecitas insidiosas que nos dicen que “no somos lo suficientemente buenas para esto”. Que no somos “como Fulanita o Menganita, que empezaron en mi nivel y míralas ahora”.  Esos demonios corrompen nuestro trabajo, nuestros pensamientos y nuestra imagen de nosotras mismas.

Dice Heidi que se vuelve más fuerte cada vez que acepta su propia valía y entiende que su camino es ese, el suyo propio. Sin formas buenas o malas de hacer las cosas. Simplemente, concentrándose en aprender y progresar. Simplemente, convirtiéndose en su propia heroína.

¿Alguna vez has proferido un “uaaaauuu” mientras mirabas los vídeos que te grabas? ¿Te ríes con tus imperfecciones típicamente tuyas o te atormentas por su causa? ¿Puedes reconocer tus avances, o al menos, tu propio esfuerzo en lo que haces? Miras tus ampollas en las manos y tus corvas ardiendo y ¿piensas que son las huellas del fracaso o trofeos de guerra? Pues esta es tu lucha. Bienvenida. Ya eres una virago. Sólo falta que te des cuenta.

 

 

Competir o no competir
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