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Ser “taytantos” no es excusa

La edad y el deporte

 

 

Esto es un testimonio real: en una clase de pole, una alumna a la que se ve joven y en forma desciende de la barra resoplando después de hacer una breve secuencia de figuras. “Esto es durísimo”, sentencia, “si es que he empezado demasiado mayor”. “Pero, ¿qué edad tienes?”, pregunta la profesora. La alumna responde: “veinte años”.

¿Cómo os quedáis?

A menudo se habla de la edad ideal para empezar a hacer deporte. Está claro que no todas las disciplinas son iguales y los aéreos son bastante exigentes. La pregunta correcta quizá no es tanto qué deporte va con una edad, sino qué se quiere conseguir y de qué manera se enfoca.

Cuando uno tiene cinco, siete, diez años, el cuerpo está en plenas facultades. El contador de energía está, por así decirlo, al tope y se es flexible y ágil. Se es moldeable. Un reto resulta un juego. Colgarse de una tela aérea cabeza abajo y empezar a hacer figuras se parece mucho a una travesura que no te dejan hacer en casa. Nada da miedo. Un niño no se plantea si lo que el profesor le pide es difícil o peligroso. Simplemente, lo hace, a lo “tonto el último”.

Más aún: un crío no se juzga, no quiere “quedar bien” ni piensa si en su físico le acompaña o no, en si está sudado y despeinado o si está sacando tripa en el esfuerzo de ejecutar un ejercicio.

Lo que lleva a pensar que los obstáculos que nos encontramos los adultos al empezar en aéreos, acrobacia o danza no son físicos. La cabeza juega un gran papel. En ella hay un músculo que tira de ti, te dice “no pasa nada, hoy no te salen las cosas, pero mañana será otro día”; “mientras lo intentas, te estás haciendo más fuerte”; “tienes que practicar más, eso es todo”. O “ya eres demasiado mayor para esto, ¿qué sentido tiene?”

Puede que no seas un crío, ni siquiera un adolescente o veinteañero. Eres “taytantos” y te encantaría bailar con la barra, volar con las telas o el aro o coquetear con la acrobacia. Que sepas que tienes un plus: la madurez mental. Esto te hace ser constante y te da fuerza de voluntad. Tu umbral de frustración es, por lo menos, el doble de elevado que el que tenías a los diez, quince, veinte años. Sabes por qué estás haciendo ese deporte y lo que quieres conseguir. Si te fijas unas metas realistas y tiras de tus ganas de pasarlo bien y de superarte, vas a disfrutar mucho más del camino para conseguirlo. Y esa consciencia generalmente viene con la edad.

Piénsalo, con treinta, cuarenta o cincuenta no tienes a tus padres detrás diciéndote: “tienes que hacer deporte”.

Me sé de varios que han empezado con los treinta largos en la barra. ¡Y no hay quien los baje!

Nadie empieza sabiendo. Y tus primeros objetivos pueden ser endurecer, tonificar y flexibilizar. La barra, las telas, el aro son tus instrumentos. Ellos te obligan a vivir el momento, el ahí y el ahora, a tener la concentración máxima. ¡Confía en ti mismo! Los ejercicios básicos están a tu alcance para que los conozcas, los domines y disfrutes. Y serán un trampolín para la etapa siguiente. Si quieres.

Isabel Queipo

 

 

 

  

 Sarah Paddy Jones es una bailarina de salsa de 83 años

 

 

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